domingo, 7 de marzo de 2010

Testamentos. Vol. I


A través de las siguientes líneas expongo mi testamento, por lo que distribuyo mis pertenencias de la siguiente manera:


Dejo el azul del cielo a los pintores, que lo recrean mágicamente a través de sus pinceles como si lo hubiesen visto nacer; dejo el mar a los marineros, que lo consideran un hogar y un lugar para pensar en la inmensidad del mundo; dejo mis bosques a los indígenas, quienes los cuidan, los protegen y ven en ellos el alma de la tierra; dejo los ríos a los hindúes, que ven en ellos el camino a lo espiritual y la conexión con lo sobrenatural; dejo la nieve a los Eskimales, quienes hicieron de ese frío paraíso el más cálido hogar; dejo los amaneceres y atardeceres a los fotógrafos, que inmortalizan cada uno de ellos; dejo el Ávila a las buenas personas que hacen de él un lugar ideal para soñar, creer en la omnipotencia de su Dios y sentir la energía de la naturaleza; dejo las nubes a los niños, para que continúen a imaginar figuras y recrear historias; y por último, invito a todos los habitantes de este planeta a dejar el mundo mejor de como lo han encontrado.