viernes, 22 de enero de 2010

La espera... desespera


La espera, vaya tópico ¿no?

Siempre nos va a tocar experimantarla, saber lo fea que es, lo mucho que la podemos odiar. Claro, todo depende de la circunstancia, no todas las esperas son iguales.

Imagine que su vejiga (o su intestino) está a punto de explotar, que si pasa un minuto más ya no le hará falta el baño, sino un coleto; cuando llega al baño tiene a 20 personas por delante.

Ahora piense que tiene 2 años sin ver a sus hijos, esposa(o) o familia, cuando está a pocas horas de concretar ese ansiado reencuentro, el avión se retrasa.

Qué tal si está en la sala de espera de un hospital, CDI (Barrio Adentro versión -2.0) o clínica -depende de su poder adquisitivo-, a la espera del resultado positivo o negativo de la prueba de embarazo, oncológico, VIH, etc.

La mezcla de emociones y sentimientos frente a la espera sólo desespera. Estamos inquietos por saber cuándo se acaba esto, cuándo llegaré al lugar deseado -se incluye el baño del ejemplo uno- o cuándo será que el oftalmólogo pronunciará mi nombre para atenderme y así decirme que mi astigmatismo miópico aumentó... se triplicó, by the way.

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