jueves, 13 de enero de 2011

Hierba mala...

Eran las doce de la tarde, recuerdo que había mucho sol y que con aquel calor se podía freír un huevo en el asfalto. Como era la época de verano estaba en vacaciones, libre y feliz por no asistir a clases y no ver la horrenda cara de la profesora Sharon Stones que me impartía clases de inglés.

El día se desarrollaba de manera normal, los pájaros cantaban, los perros ladraban y yo jugaba tranquilamente con Rabbitch, mi mascota, con la cual convivo desde que tengo dos años; ella es una coneja bastante extraña ya que tiene un ojo más grande que el otro y un zarcillo en la oreja que le puse jugando. Sin embargo, es la única que me entiende.

Al llegar las 2:30 de la tarde, cuando el sol estaba más inclemente que nunca, repentinamente los pájaros dejaron de cantar, los perros de ladrar y Rabbitch se movía como loca de un lado a otro. Todas las personas de la cuadra salieron a la calle a ver qué sucedía, cuando de pronto Angelina Jolie – la típica niña que te gusta desde siempre y a la que nunca has tenido el valor de decir lo mucho que la amas- señala el cielo. Al levantar nuestros rostros nos dimos cuenta del eclipse que se estaba llevando a cabo. Los gritos de las mujeres fueron peores que aquellos que di cuando me enteré algunas semanas atrás que Rabbitch estaba embarazada.

Sin embargo, después de algunos minutos, las personas retornaron a sus casas y a sus quehaceres. Sólo Rabbitch, Angelina y yo nos quedamos afuera observando el eclipse hasta que éste cubrió por completo al sol. De pronto todo se volvió oscuridad, sentí que mi cabeza daba vueltas, que ya nada era igual, que todo había cambiado y caí. Al despertar, un poco mareado, me di cuenta que habían muchas personas inconscientes en el suelo y traté de echar un vistazo para determinar lo que había sucedido.

Al pasear por las calles en búsqueda de respuestas, me detuve para saber cuánto tiempo había permanecido desmayado; vi mi reloj y me sorprendí al ver que éste giraba en sentido inverso. No tomé muy en cuenta este detalle, debido a que pensé que eran secuelas del desmayo, seguí caminado hasta una casa que estaba con las puertas abiertas, al instante supe que era la casa de los Melano, ya que de niño jugaba en esa casa con la hija de los dueños llamada Rosa. Recuerdo bien que nunca la llame por nombre y apellido ya que a ella no le gustaba.

Al entrar en la casa encontré a los Melano hablando en un idioma que jamás había escuchado, lo peor era que yo entendía todo lo que ellos decían, yo hablaba como ellos. Todos estábamos consternados por no saber por qué hablábamos de esa forma. Hablando, me contaron que habían cambiado muchas cosas: ya los perros no ladraban, sino maullaban y le tenían miedo a los gatos; las vacas ya no daban leche, sino mantequilla líquida; en las noticias decían que el papa ya no era un hombre, era una mujer y le llamaban la papa; los relojes giraban en sentido inverso y la más importante es que de pronto le gusté a Angelina, eso me hizo tan feliz.

Eso ocurrió un año atrás, poco a poco nos hemos acostumbrado a vivir en este mundo, un poco al revés, donde nada es como era antes, donde los sueños son pesadillas y las pesadillas siguen siendo pesadillas, donde los policías roban y los ladrones lo hacen de vez en cuando. Es una lástima que algunas cosas malas nunca cambien…

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