Poco a poco la oscuridad vence el brillo del sol; las luces de los edificios se notan más, recordándonos que somos muchos para este planeta tan pequeño; las nubes van y vienen como bailarinas celestiales que anuncian la más bella noche o la peor de las tormentas.
A las 6:50 p.m. sólo sobrevive un destello naranja, se resiste a apagarse, como si fuese sú último día.
En sólo 10 minutos la oscuridad cubre mi ciudad, mientras que una profesora, sin saberlo, me enseña que siempre debo sonreir.
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